Este está siendo un año de cooperativa.
Los precios fuera generan aún más dudas este año, encontrar salida al producto resulta más complicado y muchos agricultores que habitualmente diversificaban entre distintas opciones han vuelto a fijarse en su cooperativa.
Y han llamado a la puerta.
La cuestión es que no han llamado dos ni tres sino que han llegado muchos a la vez con su producto, sus necesidades y, en algunos casos, con la urgencia de encontrar una respuesta que en la calle no están encontrando.
De repente, cooperativas que ya tenían que atender a sus socios, organizar la campaña, recibir el producto y mantener en funcionamiento toda su estructura se han visto desbordadas.
No es sencillo encajar en unas semanas una cantidad de producto con la que no se contaba. Hay que buscar espacio, reorganizar el trabajo, atender a más agricultores y resolver sobre la marcha dificultades que afectan a toda la campaña.
Porque cuando hace frío en la calle, todo el mundo busca un lugar en el que resguardarse.
Y ahí vuelve a aparecer la cooperativa como esa estructura preparada para recoger, gestionar y defender conjuntamente el producto de sus socios.
Pero precisamente ahora, cuando más evidente resulta su importancia, deberíamos hacernos una pregunta:
¿Qué pasará cuando llegue un año mejor y no haga tanta rasca en la calle?
Cuando los precios cambien, aparezcan otras ofertas y vender fuera vuelva a resultar más sencillo, ¿seguirán entrando esos agricultores con toda su cabida en la cooperativa?
Y cuando termine la presión de esta campaña, ¿tendrán las cooperativas un plan para convertir el contacto que precisamente este año mantienen con ellos en una relación más estable?
Porque aquí hay necesidades por las dos partes.
El agricultor busca la mejor salida posible para mantener su explotación. Compara precios, valora alternativas y toma decisiones con lo que tiene delante. Como es lógico.
La cooperativa, por su parte, necesita saber con qué producto puede contar para gestionarse, dimensionar sus instalaciones, contratar personal, planificar inversiones, negociar con más fuerza y seguir encontrando salidas con más valor para el producto.
El agricultor necesita seguridad.
La cooperativa necesita estabilidad.
Y quizá durante muchos años ambos se han relacionado principalmente cuando uno necesitaba al otro.
En los años complicados, el agricultor vuelve a apostar por la cooperativa. En los años de mejores precios, es la cooperativa la que intenta conseguir más producto.
Así es muy difícil mantener una relación estable.
No porque el agricultor esté haciendo algo mal al buscar lo mejor para su explotación. Tampoco porque la cooperativa no quiera incorporar nuevos socios. El reto es que muchas veces empezamos a tratar de cohesionarnos cuando la necesidad ya está encima de la mesa mientras que el funcionamiento de una cooperativa tiene que ver más con que lo urgente se coma a lo prioritario. Este año ya, ni te cuento.
Y una relación que se mantiene desde la urgencia difícilmente puede aguantar una estructura a largo plazo.
Esta campaña lo está dejando bastante claro. Recibir más producto no significa necesariamente que tengamos una cooperativa más fuerte. Pero tampoco significa únicamente que hayan llegado más agricultores buscando una solución puntual.
Significa que cooperativas y agricultores han vuelto a encontrarse porque los dos tienen algo que el otro necesita.
La cuestión es qué hacemos ahora con ese encuentro.
Una cooperativa no puede diseñar su estructura económica sin tener una certeza aproximada sobre con qué producto contará. Pero tampoco puede pedir al agricultor que permanezca en ella si este no entiende hacía dónde quiere ir o qué rumbo lleva, qué obtiene formando parte del proyecto y qué diferencia existe entre entregar producto un año y pertenecer a una estructura común.
Ahí es donde empieza el trabajo de cohesión.
No solo se trata de decirle al agricultor que tiene que comprometerse más. También hay que escuchar qué le ha mantenido fuera, qué dudas tiene, qué necesita de la cooperativa y qué razones tendría para quedarse cuando el mercado le vuelva a ofrecer otras posibilidades.
Y tampoco se trata de decirle a la cooperativa que tiene que admitir todo el producto que llegue por las dificultades que uno tenga. Necesita conocer con cierta antelación con quién puede contar, qué compromiso existe por ambas partes y qué estructura puede mantener sin poner en riesgo a los socios que ya forman parte de ella.
Por eso la cohesión dentro de una cooperativa no consiste únicamente en contar que ha comenzado una campaña, que se ha celebrado una asamblea o que se ha recibido un premio.
También debe ayudar a que ambas partes se entiendan.
Que el agricultor conozca qué ocurre con su producto después de entregarlo, qué decisiones se toman, qué inversiones se realizan y qué valor se consigue, que en la calle no, cuando millones de kilos se defienden conjuntamente.
Y que la cooperativa conozca mejor a los agricultores de su entorno, sus problemas e inquietudes, por qué toman determinadas decisiones y qué tendría que cambiar para que pudieran encontrar dentro una respuesta estable.
Hablamos, en definitiva, de confianza.
Pero la confianza no aparece cuando necesitamos urgentemente el producto de alguien ni cuando buscamos a última hora un lugar donde entregarlo.
Se va creando antes, con constancia.
Se levanta hablando con agricultores que todavía no son socios, escuchando por qué no han entrado y transmitiendo con claridad qué proyecto hay planteado para ellos y qué lugar pueden ocupar dentro.
También siendo honestos sobre lo que la cooperativa puede ofrecer, lo que necesita de sus socios y lo que ambos pueden conseguir si existe una relación más estable.
Este año muchas cooperativas están viendo cómo socios que habitualmente llevaban su producto a otros lugares han vuelto a llamar a su puerta. Eso está provocando saturación y dificultades, sí, pero también está demostrando que, cuando las cosas se complican, agricultores y cooperativas continúan necesitándose.
Quizá el problema no sea que solo nos acordemos unos de otros cuando llega un año difícil. Ni mucho menos. Sino que después de habernos vuelto a encontrar, no hiciéramos nada para conocernos mejor.
Si nos limitamos a resolver esta campaña como podamos, cuando deje de hacer rasca en la calle probablemente regresaremos al mismo punto.
Pero si aprovechamos este encuentro para escucharnos, revisar juntos la estructura y preparar una relación más clara y estable, quizá el próximo año no tengamos que empezar otra vez desde cero.
Los años difíciles acercan a los agricultores y a las cooperativas.
El reto es seguir manteniendo entre ambos razones para permanecer juntos cuando fuera deje de hacer frío.
Esto forma parte de algo más amplio.
Estas reflexiones surgen de mi trabajo alrededor de una pregunta: qué necesita el cooperativismo para entenderse mejor, avanzar unido y generar más valor.
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